ESTRATEGIA Y AZAR, UN EJEMPLO PERSONAL
Tomé el tren rumbo a estación Merlo, para entregar unos productos a un cliente y mantener una entrevista de negocios (previamente concertada por teléfono), con otro.
De camino, vi que un tren había sufrido un descarrilamiento, eran las 10,30hs. Pensé: "No es nada, de modo que al volver no habrá problemas.
Al llegar al cliente donde debía hacer entrega de los productos, me dí cuenta que me había equivocado de caja y que llevaba timbres inalámbricos en vez de linternas. Contrariado, quedé en volver y me dirigí a la entrevista de negocios. El futuro cliente se "había tenido que ir urgente", según me dijo el empleado y por lo tanto, no hubo entrevista.
Seguí hasta la estación para volver. aún no había trenes. "Tomaré un colectivo y listo", me dije, dispuesto a no enojarme.
En los 45 minutos que estuve parado al sol, con casi 34 grados de temperatura, solamente pasó un colectivo que no paró, porque iba lleno.
Decidí, entonces, ir a almorzar tranquilo y luego ver qué hacía. Así fue.
Volví a la estación después de comer y había trenes pero, "demorados", por el accidente.
De modo que, aproximadamente cinco horas después de partir, llegué a mi casa, acalorado y sin que nada de lo previsto hubiera sucedido.
Fue entonces cuando entendí la diferencia entre la estrategia y el azar y cómo estar preparado para hacer otras cosas cuando el azar se ríe de nuestra "segura planificación".
Estrategia y azar, son los dos límites entre los que accionamos los humanos en el mundo. Estrategia, nos permite suponer que tenemos todo "bajo control". Es una ilusión que dura poco, exactamente hasta que comienzan las consecuencias de nuestros actos. Es poco o nada lo que podemos controlar.
Azar: En mi opinión tiene una lógica, que desconocemos. Es lo que a veces damos a llamar "el universo". No obstante, el "universo", tiene sus propias leyes. No es suerte, es una lógica diferente que no llegamos a entender con nuestro pensamiento racional.
Así va siendo nuestra deriva por la existencia. Por eso somos seres humanos, todo se rige por el principio de incertidumbre.
Tener metas y planes para lograrlas, es ejercer la estrategia.
Sin embargo, hay que estar atentos al azar. Generalmente es el que nos marca caminos y posibilidades que no hemos podido distinguir.
El secreto es aprender a cambiar estrategias, a partir de hechos aparentemente azarosos.
Finalmente, lo que importa es llegar a lograr aquello que nos propusimos o lo que deseemos de lo que "el universo", nos proponga día a día.
El azar no es suerte. Y tampoco se trata de sentarse a esperar que suceda algo.
Cada uno debe crear el contexto en el que desea que funcione el azar. Es decir que para que algo suceda, debemos movernos en la dirección deseada y tratar de ubicarnos en el sitio exacto donde funcionará la sincronicidad para que aquello que esperábamos se cruce con lo que estábamos haciendo para que ocurra.
Dicho de otra manera: No esperemos que llueva sopa, con un tenedor en la mano, porque cuando suceda seguiremos hambrientos.
JFM- Construyendo posibilidades
Un espacio para compartir aprendizajes y encontrar nuevas posibilidades, sumandonos todos.
lunes, 12 de enero de 2015
martes, 13 de mayo de 2014
QUIÉN
ES Y QUÉ HACE UN COACH ONTOLÓGICO
No son pocas las veces que somos preguntados acerca
del significado de la frase que da título a estas reflexiones.
En principio, podríamos decir que la palabra Coach,
proviene de los deportes, donde hay una persona que está el frente de un grupo
y lo guía y lidera hacia el logro de los objetivos de la disciplina que
practican.
En ese sentido un Coach deportivo, tiene
conocimientos (expetisse) de los aspectos técnicos y físicos a desarrollar más
las tácticas y estrategias que lleven a su equipo a lograr los resultados
propuestos.
Esto, entendiendo la idea desde el concepto de
“Texto o contenido”.
No obstante, un Coach deportivo, tiene también
habilidades de “contexto” o podríamos decir, de aquello que rodea al texto,
conteniéndolo, tales como la capacidad para motivar, el manejo de grupo, un
ascendiente emocional entre sus dirigidos, etc.
Todo esto puede definir a un Coach deportivo, de
donde proviene el nombre de nuestra profesión.
Lamentablemente, aquel análisis, no llega a poder
definir claramente la pregunta de esta nota.
Podríamos decir que un Coach ontológico es un
experto en habilidades comunicacionales, entre las que se destaca, claramente,
la escucha efectiva.
También podemos definir que un Coach Ontológico es
alguien que está profundamente convencido que todos los seres humanos
(incluyéndolo a él o ella), somos “modelos para armar” o “seres humanos en
construcción permanente”. Y que hace de este concepto el eje en torno al cual
gira todo su accionar.
Los Coaches Ontológicos, conciben al ser humano como
una existencia que construye su esencia a través de la vida y que en ese
permanente construir, va generando acciones que provocan determinados
resultados, (Ser- hacer- tener).
El Coaching Ontológico es, por definición, “constructivista”,
ya que considera a la vida como un proyecto que puede redefinirse
(rediseñarse), permanentemente. Por lo tanto, los seres humanos, estamos en
condiciones de elegir el tipo de vida que queremos o, dicho de manera más
“coachística”, somos capaces de hacernos cargo, siendo responsables, de ejercer
el poder que tenemos de diseñar nuestra vida, de liderarla.
Para ello, el Coach Ontológico, se fundamenta en
varias disciplinas, tales como la Filosofía (especialmente Sócrates y algunos
sofístas y el Existencialismo), la Psicologia (Carl Rogers y la Escuela
Personalista, Víctor Frankl, etc) y especialmente en los constructivistas, a
partir de grandes científicos como J. Piaget y otros.
Desde esa mirada, los Coaches Ontológicos, definimos
nuestro accionar, en el campo de los seres humanos y sus modos de pensar
(modelos mentales), propios o heredados, que definen las maneras particulares
que tenemos de hacer para obtener resultados.
Cuando nos preguntamos por nuestra vida, nuestro
futuro y nuestro “estar siendo”, habitualmente entramos en espacios de
incertidumbre, en los cuales “navegamos” constantemente y muchas veces nos
sentimos incapaces de actuar o modificar, determinadas acciones, debido a que
no hallamos las respuestas que buscamos. A estos espacios los denominamos de
“ceguera cognitiva”. En esos espacios, actúa un Coach Ontológico, ayudando a su
Coachee a encontrar las respuestas que busca y que solo no puede hallar.
Para poder hacerlo, los Coaches apelamos a la
técnica de la pregunta, haciendo de “espejo” de nuestros clientes, a fin de
ayudarles a ampliar sus espacios de posibilidades, para que puedan, finalmente
construir la respuesta que buscan y desde ahí accionar para lograr resultados
mucho más importantes que los que venía logrando hasta ése momento.
Sabemos, por nuestra formación, que las personas
tenemos diferentes maneras de aprender. Una, la más común se denomina “ensayo-
error”. Sin embargo, el problema se presenta cuando una misma acción, ya no provoca el
resultado esperado o esperamos tener resultados mayores.
Entonces, aparece la forma de aprendizaje,
consistente en buscar nuevas maneras de accionar para lograr resultados
diferentes.
Todo esto constituye lo que denominamos “aprendizaje
de primer grado”.
Existe otra forma de aprendizaje, el “aprendizaje de
segundo grado”.
Éste, esencialmente consiste en reconocer los límites que nos
ponemos, encontrar las maneras de superarlos y ampliar de esa forma el
horizonte de posibilidades que se nos presentan para poder escoger aquellas
acciones que jamás imaginamos que podríamos realizar y por lo tanto, obtener
los resultados que no pensábamos que éramos capaces de tener.
En este espacio actúa un Coach Ontológico. Está
poderosa herramienta, aplicada primero en cada uno de nosotros, es la que
utilizamos para que nuestro Coachee, siempre desde su “querer hacer” y su
hacerse cargo como protagonista de su vida, pueda ir hallando sus propias
respuestas.
Nuestra actitud como Coaches es la de escucha
efectiva, la de la amorosidad y el respeto por el otro, que es el líder de su
propio proceso.
Los coaches preguntamos para saber cómo es el otro. No juzgamos
no criticamos y nos manejamos con metáforas y analogías, ya que creemos en el
poder generativo del lenguaje y en la condición única del lenguaje humano que
es la recursividad, es decir la cualidad que tenemos de pensar y repensar lo
que decimos.
Los coaches ontológicos, actuamos sabiendo que los
humanos somos la suma de cuerpo, emocionalidad y lenguaje y que es posible
acceder a nosotros desde cualquiera de los tres dominios. De ahí que, desde la
amorosidad y el respeto, lleguemos hasta donde nuestro coachee desee que lo
hagamos, a través de la indagación para poder conocer su estructura de sentido
y su “cómo” o “por qué” a fin de ayudarle a encontrar otros “para qué” y
poderosas formas diferentes de ver las cosas, para construir el ser que desea
ser.
Los Coaches Ontológicos estamos entrenados para
trabajar con personas y grupos, pudiendo intervenir en su construcción o
diseños de acciones, posicionándonos como observadores privilegiados, que
trabajan en los contextos personales y existenciales, como también en los
organizacionales, tales como visión, misión, valores, cultura, clima
organizacional, relaciones comunicacionales, liderazgo, resolución de
conflictos, etc.
Esta es la respuesta, somera, pero consistente a la
pregunta que nos hicimos al principio.
Espero que sea este un buen aporte para definir el “ser”
y el contexto para la acción de quienes abrazamos esta hermosa profesión. Un saludo.
viernes, 25 de abril de 2014
YO,
NOSOTROS Y LOS OTROS
RESPETO,
TOLERANCIA, ACEPTACIÓN
Solemos escuchar a personas que, con aire de estar
diciendo una verdad revelada, aconsejan tener “tolerancia”.
La pregunta es: ¿de qué hablamos, cuando hablamos de
tolerancia?
Sostengo que, casi sin darnos cuenta, lo hacemos
desde un sitio en e cual sabemos que hay otros que piensan o actúan diferente, pero los soportamos, aunque creamos que están
equivocados o no nos interese saber nada más de ellos. Simplemente, los sabemos
ahí y fin del tema.
Esta actitud, a mi juicio, es decir, cuidar el
espacio propio, el conocido, el que nos da seguridad, implica tolerar, mientras
el otro no nos invada o incomode.
Algunos, utilizan aquel latiguillo sobre la
tolerancia, aunque, ¿eso constituye un valor ético o moral?, ¿implica reconocer
a los otros o simplemente, “aguantar” que estén allí?
En cambio, cuando hablamos de Aceptación,
reconocemos que ahí hay otro, que tiene su modo de ser o de pensar, que es
diferente al nuestro y que, por lo tanto, constituye a alguien diferente, a un
auténtico “otro”.
Desde este sitio, lo aceptamos y también aceptamos
la posibilidad de que pueda aportarnos conocimientos y experiencias que nos enriquezcan,
nos agreguen valor y nos hagan crecer en nuestro “estar siendo”.
Cuando esto sucede, el otro también nos reconoce y
comparte, generosamente, aquello que tiene para ofrecernos, construyéndose así
una sinergia muy especial, creativa y poderosa.
Esto se puede verificar en todos los dominios de
nuestra vida, familia, pareja, trabajo, amistad, sociedad, interculturalidad.
Corramos el límite de la reflexión un poco más.
Afirmo que, Aceptación, Aprendizaje y Amor, así, con
mayúsculas, van de la mano.
Si Amor es el encuentro profundo y cálido con otro,
donde dos pueden seguir siendo dos, pero que se convierten en uno diferente y
superador, donde ese nuevo todo, es mucho más grande que las partes que lo
componen, entonces la Aceptación y el Amor, son, casi, la misma cosa.
Un poco más allá. Resulta muy sencillo aceptar a
otro, cuando es como nosotros queremos que sea o actúa como esperamos que
actúe.
En ese caso, ese otro, pasaría a ser una
confirmación de nosotros mimos. Una extensión nuestra.
No habría nada que aceptar, porque, al proyectarnos
en el otro, lo que vemos o esperamos como resultado, es que haga lo que
nosotros esperamos que haga.
La cuestión es cuando el Otro, es un diferente, un
distinto.
Yo he visto, en una plaza pública a madres y niños
de una escuela para personas con capacidades especiales, compartir alegremente
una Feria de Platos a beneficio.
Y, también he visto a las personas que caminaban por
las calles, cruzarse de vereda, para no tener que ver de cerca a los “diferentes”, a los “discapacitados”.
El color de la piel, la educación, la religión, etc,
es donde muchas veces colisionamos nuestro modelo mental con el de los otros, y
elegimos negar, excluir, criminalizar, invisibilizar. Y los hacemos parte de
nuestros juicios previos negando su “ser otros”.
Pero, entonces, ¿Quién y cómo es aquél Otro? ¿Cuál
es su manera de ser y ver el mundo y a nosotros? ¿Podemos llegar a saberlo?
Afirmo que nosotros construimos en nuestra mente a
ése Otro, de acuerdo al tipo de observador que somos de lo que llamamos “realidad”.
Y ése observador, particular y único, observa desde su herencia biológica, cultural,
social, familiar, educativa y experiencial.
En la medida que nuestro observador actúe en “piloto
automático”, lo que veremos será lo que quisiéramos ver del Otro.
Será lo que nosotros hayamos decidido que sea. Y
lograremos que actúen como esperábamos que los hicieran.
Ése otro, estará hablándonos más de lo que nosotros
pensamos que de cómo es en realidad.
A esta altura, caben, entonces, algunas otras
preguntas:
¿Cuál es la construcción que, cada uno de nosotros,
hacemos acerca de los demás?
¿Cómo son nuestras creencias, en relación aquél o
aquellos otros?
¿Qué podríamos hacer para cambiar las creencias que
nos limitan en nuestra posibilidad de acercarnos y aceptar a los otros?
¿Cuáles podrían ser nuestras actitudes y acciones
personales, que demostraran claramente que aceptamos a aquellos otros?
Vivimos una etapa dramática, en la cual el “otro”,
es negado, en cuanto constituye una amenaza construida por quienes,
interesadamente, buscan fragmentar nuestra sociedad y destruir el tejido
solidario, entre nosotros.
Más aún, se intenta invisibilizar, negar a los
otros, a los diferentes. Se los criminaliza, muchas veces, porque habla
distinto, se viste distinto, escucha una música distinta o es pobre, de tez
oscura y vive en lugares infrahumanos.
Nos molesta. Nos sentimos “inseguros” en su
presencia, porque el bombardeo mediático crea el relato que aquellos, los “otros”,
son los culpables de lo malo que puede suceder a diario.
Muchos llegan al punto de querer que no existan, que
desaparezcan, que no tengan entidad alguna, como dijo un tirano argentino: “los
desaparecidos son eso, desaparecidos, no están”…
De nosotros depende, construir una sociedad más
justa e inclusiva, con aciertos y errores, pero igualitaria, donde el otro sea
reconocido y valorado.
Invito a mis “otros”, a reflexionar sobre esto y
también acerca de lo difícil que es aceptar a otro, cuando es un distinto.
Abrazo.
jueves, 20 de marzo de 2014
La danza Conversacional: Intimidad Amor y
Aceptación, la Conversación de Coaching
Estamos sentados, frente a frente, ella y yo. Nos
miramos, tratando de descifrar al otro.
Ella está un poco ansiosa. Su postura corporal y la manera
en que se frota, suavemente las manos, me lo indican. Está a la defensiva.
Yo la observo y mi mirada trata de ser serena y
generar confianza, a partir de ese primer acercamiento.
Sonríe. Han pasado apenas diez o veinte segundos. Yo
comienzo a hablar:
“Esta es una conversación de Coaching. En la misma,
vos podrás traer algún tema que te resulte inquietante y que quieras poder ver
claramente. Vos sos la protagonista de este espacio. Decidís qué y cómo querés
hacerlo. Decidís hasta donde llegar”.
“Yo, declaro mi total compromiso de
confidencialidad. Lo que aquí hablemos quedará en mí y no saldrá de este
espacio nuestro”.
“Te escucharé y no te juzgaré, ni criticaré y mucho
menos, te diré qué hacer. Esto es debido a que solamente vos sabés cuál es la
respuesta a tu inquietud. Y yo te acompañaré en el camino de encontrarla”.
“Sí, te pido permiso para hacer, de vez en cuando,
alguna interpretación de lo que escucho. Puede servirte o no, pero será para
que yo pueda aclararme lo que no entienda”.
“¿Cuál es la inquietud que querés traer a la
conversación?”
Aquí comienza la danza.
Una conversación de Coaching, es un espacio de
co-construcción de algo que antes no existía. Un recorrido conjunto desde el
borde de la brecha en que se encuentra el/la coachee, hasta la otra orilla, en
la que estará la respuesta que le permita accionar para logros impensados.
En ese espacio único y amoroso, pueden suceder
muchas cosas. Y a veces no suceder ninguna.
Como el Coach no hace interpretaciones acerca de los
por qué, sino que busca los para qué, los cómo, los cuáles, etc. hay
conversaciones que deben suspenderse ya que el coachee no desea seguir
avanzando. O también cambiar de rumbo. Apasionante danza conversacional.
En ese espacio único, la confianza la escucha y la
aceptación, son la clave para ir avanzando, poco a poco.
Es maravilloso ver cómo se iluminan los ojos y
aparece la sonrisa o las lágrimas de emoción, cuando el/la coachee encuentra,
desde su propia construcción, aquella respuesta que intuía o sabía y que por
vaya a saber qué limitantes (miedo, baja autoestima, juicios previos,
inferencias, cultura, educación, etc) no podía ver con claridad.
Y como va asumiendo el poder inmenso que tiene. Construir su propio estar siendo.
Y en ese amoroso espacio, también generamos juntos
los nuevos aprendizajes. Aquellos que permiten cambiar algún modo de ser, para
que los logros planificados se hagan permanentes.
De eso se trata trabajar, juntos, una conversación
de Coaching.
Para mí, el mejor pago, es cuando escucho el
¡Gracias! emocionado de aquél otro al que acompañé.
Y luego viene el abrazo, profundo, amoroso.
Él o
ella, no saben que yo he aprendido mucho más en ese proceso.
El gracias es mío.
martes, 10 de diciembre de 2013
COACHING,
ACCIÓN Y RESULTADOS
Muchas veces, nos preguntan y nos preguntamos, ¿para qué
sirve el coaching? Es una inquietud
recurrente entres los posibles clientes y también entre los coaches.
Y también surgen, en forma inevitable, las comparaciones
entre coaching, psicoterapia, consultoría y otras disciplinas.
No entraré en comparaciones con otras, ya que respeto a
todas y la idea es sumar y no competir por espacio, aunque haré algunas
reflexiones acerca de cuál es el accionar del coach, en sus intervenciones y
cuáles son los objetivos buscados, en ese proceso de ayudar al coacheado a superar
la brecha de inquietud en que suele hallarse cuando pide una conversación.
Nosotros, los coaches, sabemos muy bien que lo que busca
quien se nos acerca es obtener un resultado diferente e importante, como
corolario de su inquietud o quiebre.
Es por eso que, partiendo de las palabras del cliente y a
través de preguntas, metáforas, analogías, dinámicas corporales o emocionales,
etc, buscamos acceder a aquellos juicios (opiniones, creencias) que conforman
los paradigmas de base de los coachees.
En la medida en que el coacheado pueda hacerlos concientes o
sea, nombrarlos, experimentarlos y encontrarles fundamentación o no, será
capaz, por sí solo, de hacer los cambios que desee a fin de poder accionar de
otra manera y lograr otros resultados, más importantes que los obtenidos hasta
el momento de la consulta.
Esto se logra a través de un proceso, de pocas
conversaciones, siempre y cuando el coacheado esté dispuesto a “bucear” en sus
propias creencias.
Es que hay distintas formas de lograr resultados. Una es cambiando
las acciones. Evidentemente, cambiarán los resultados.
Sin embargo, esto no
garantiza cambios duraderos, ya que las creencias que generaban las repuestas
anteriores a los problemas, volverán inevitablemente.
Y esto, debido a que no es nada sencillo cambiar de un día
para otro, los modelos mentales heredados y adquiridos acerca de cómo ve cada
uno el mundo y las cosas.
Otro paso a lograr, trabajando en un proceso de coaching, es
ir “más allá”, “correr los limites” y desafiar las creencias.
A través de un arduo trabajo de acompañamiento, el coach y
el coachee, irán desarmando capa a capa, la “cebolla ontológica” y encontrando
las creencias limitantes del accionar exitoso, en la búsqueda de los resultados
esperados.
Muchas veces, se puede llegar a identificar las creencias,
filtrarlas, eliminarlas y cambiarlas por otras fundamentadas en hechos
aceptados como tales por el coachee.
Esto genera un aprendizaje, que lleva a la acción y el logro
de resultados importantes, de manera más permanente.
Y si se avanza más en el proceso de coaching, es posible
llegar hasta lo que denominamos “transformación”, es decir, cambiar los
paradigmas de base (o algunos de ellos). Esto ve a generar el cambio profundo y
totalmente diferente, en la manera de ver las cosas y el mundo, en la forma de
accionar frente a las inquietudes que se presenten y al ser producto de un
cambio en lo que llamamos “el modo de ser”, generará un “estar siendo en el
mundo”, totalmente diferente, libre de creencias limitantes.
Declaro que esto es posible, esencialmente, porque lo he
experimentado en mí mismo, trabajando con mis coaches, no sin esfuerzo y hasta
dolor (existencial) y también porque lo he visto suceder en algunos de mis
coachees. Es impactante presenciar el momento en que se ilumina la mente y cambia el estado de ánimo, acompañado
de una corporalidad “de descubrimiento”.
Hace que agradezca a Dios el ser Coach.
Sería imposible lograr esos resultados sin contar con el
coachee y sus ganas de hacerlo, comprometerse y responsabilizarse. Es por eso
que siempre reconozco a cada uno de ellos y ellas, la oportunidad que me da de
entrar en su existencia y compartir algo de su esencia.
En conclusión, el coaching
es una poderosa herramienta que permite a las personas lograr resultados extraordinarios en poco
tiempo, accionando desde un modo de
ver y ser (el observador), diferente al que era hasta el momento del proceso.
Gracias a mis coachees, por permitirme acompañarlos.
viernes, 22 de noviembre de 2013
“TENGO MIEDO…”
EL MIEDO, ¿MITO, CREENCIA O REALIDAD?
Un bosque, árboles
altísimos, una cascada de agua limpia y fresca…por todas partes frutas y
plantas, que sumadas a los animales que proveen una deliciosa carne, son el
sitio ideal para la vida del hombre.
Subiendo por la ladera
de una sierra, puede observarse una luz. Es un fuego que brilla cálido y
alegre, en una caverna.
Adentro, un clan de homo
sapiens, comparte la comida, juega, se despiojan, tienen sexo y luego, se
duermen, cansados, esperando el otro día, para salir a cazar.
Esto sucede muchos miles
de años atrás, en el norte de lo que hoy es España, la zona que hoy denominamos
Altamira.
De pronto, un sonido, se
escucha, proveniente de la oscuridad del exterior de la caverna.
Parece un rugido, feroz,
terrible, que despierta a los hombres, mujeres y niños y les hiela la sangre.
Todos se amontonan,
cuerpo contra cuerpo, en el fondo de su hogar. Así se sienten más “seguros”. Unos
junto con otros, en su casa, detrás del fuego que los protegerá, según ellos
creen, pues, generalmente los animales suelen huir del mismo, le tienen
“miedo”.
Curioso, el miedo de los
animales y el de los hombres, son parecidos. Los animales, no saben por qué,
pero tienen inscripto en su ADN, el miedo al fuego…y huyen de él.
Los hombres, saben de
esto y sienten que están seguros, protegidos por el fuego, dentro de su
caverna.
Afuera el rugido, se
escucha más cerca. Los hombres se acurrucan aún más en el fondo de la caverna.
Así pasan las horas. Los homo sapiens se duermen, sale el sol.
Tímidamente y aún con el
miedo en la sangre, y con dolor en el estómago, fruto de ese temor, algunos de
ellos, los más jóvenes y fuertes, se atreven a salir de la segura caverna.
No se ve nada más que el
paisaje habitual. Pasó el miedo, pasó la noche, habrá que ver cómo viene la
próxima oscuridad…
Esta historia,
seguramente ocurrió muchas veces en los miles de años que llevamos los humanos
en esta tierra. A través de los tiempos, los miedos nos acompañan día a día.
El temor de aquellos homo
sapiens, fue cambiando. En la medida que dominaron el fuego y luego
construyeron armas, en que domesticaron animales y fueron capaces de fabricar
viviendas que los mantuvieran protegidos, perdieron algunos miedos.
Esencialmente, éstos
desaparecieron cuando los humanos fuimos conociendo aquello que nos infundía
temor. Y fueron siendo suplantados por otros miedos.
El
miedo al rugido exterior a la caverna provenía de algo que no sabían bien qué
era, pero que, por el sonido tan horrendo, significaba, para aquellos humanos
una amenaza cierta. Nunca vieron qué era, pero ellos “sabían” que era
peligroso.
Es
más, ellos estaban seguros de que, acurrucándose en el fondo de la caverna,
detrás del fuego, estaban protegidos, no tenían miedo, se sentían seguros.
Jamás pensaron que un
trozo de roca de la caverna, podía haberse desprendido y aplastarlos o que
alguna alimaña oculta en la oscuridad interior de la cueva, podría morder a
algunos de ellos y matarlos con su veneno. Simplemente, ante la amenaza
exterior, desconocida, pero portadora de un rugido que les hacía estar seguros
de que era un animal peligroso, ellos respondían, del modo que juzgaban
adecuado para salvarse del peligro.
Y esta última reflexión,
nos lleva a preguntarnos ¿qué es el miedo?.
No pretendo que estén de
acuerdo. Es más, la idea es que no lo estén, que pongan en tela de juicio lo
que aquí diré:
El miedo es una opinión,
es una idea que nos hacemos acerca de algo que desconocemos.
Y que nos supera. Algo,
para lo cual sentimos que no tenemos recursos suficientes para superarlo. Por
lo tanto, desde el fondo de nuestro inconsciente colectivo, optamos por tres
posibilidades:
Escondernos, huir o
atacar.
Generalmente, optamos
por escondernos (victimizarnos) o huir (no hacernos cargo, evitando enfrentar
el miedo) construyendo una historia que nos justifique ante nosotros mismos y
los demás, acerca de por qué preferimos no enfrentar ese miedo.
Sin embargo hay otra
manera de ver el temor: Como oportunidad, como posibilidad de aprendizaje y
crecimiento.
Esa manera consiste en
reflexionar solo o ayudado por un coach, acerca de qué es lo que necesitamos
para superar ese miedo y cuáles serían las acciones a emprender.
Ayudados por un profesional
capacitado, en pocas sesiones, seremos capaces de generar acciones que nos
lleven, no solamente a diluir el miedo, sino también a cambiarlo por un estado
de ánimo altamente positivo, la Confianza.
Desde ese lugar, desde
la confianza, basada en una poderosa autoestima, podremos construir una vida
plena, donde los obstáculos signifiquen siempre posibilidades de crecer. La
decisión es de cada uno.
martes, 24 de septiembre de 2013
LOS PEDIDOS Y LA
COMUNICACIÓN EFECTIVA
o ¡CUÁNTO NOS CUESTA PEDIR!
Estábamos en una animada reunión familiar. Había unas
cuantas personas y todas conversaban alegremente.
De pronto, una de las asistentes, me preguntó por los cursos
que publicamos en FB. Le dije que estoy muy contento con la cantidad de
personas que participan y también con la interacción que se logra, además de
que con algunos de ellos, continuamos la relación, a través de procesos de
coaching que me solicitan.
La persona que me hizo la pregunta, yo lo sabía, fue una de
los primeros Me Gusta de mi fan page, JFM-COACH DE PERSONAS Y ORGANIZACIONES. ¡Hoy
somos casi 1000!, por lo que le hice un reconocimiento por haber sido una de
los 10 primeros.
Entonces le dije qué le parecía la idea de los cursos. Me
dijo que muy interesante y que veía con
buenos ojos los temas y que la gente se anotara.
Pregunté, entonces qué sucedía con ella. Me respondió que a
ella también le interesaban.
Mi nueva pregunta fue si lo que estaba haciendo era un
pedido para participar en uno de los cursos. Se rio y me dijo que sí, que le
encantaría, ya que además le había gustado mucho la idea del Taller de Coaching
Autogestionado.
Le pregunté, por qué no se había anotado y me dijo que no
estaba en condiciones de pagar el costo, aunque sabía que era muy económico.
Pregunté, por qué no me pidió anotarse y que yo,
seguramente, por ser una de los primeros 10 Me Gusta, le hubiera invitado si me
comentara que no podía pagarlo.
La respuesta, fue, “No puedo hacer eso, es tu trabajo”.
“Por favor, dejame a mí decidir sobre mi trabajo”. “Si me lo
pedías, con mucho gusto te hubiera invitado, del mismo modo que estás invitada
a participar, sin cargo, en el próximo curso que elijas”, respondí.
“Lo único que tenés
que hacer, es pedírmelo cuando lo veas publicado”.
Me agradeció y la reunión continuó, conversando con varias
personas acerca del coaching y cómo ayuda a encontrar caminos a quienes no
pueden hacerlo solos.
Y me quedé pensando, luego acerca de qué es lo que nos impide pedir o aceptar una oferta de algo que
deseamos.
Sé que a los seres humanos
nos cuesta mucho pedir y cuando pedimos, más de una vez, es como si lo
hiciéramos para no obtener lo pedido.
Un ejemplo:
“Hace frío y el
calefactor está apagado”, dice alguien. Al rato, vuelve sobre el tema:
“Te pedí que enciendas el calefactor y no lo hiciste, tengo
frío”
El interlocutor mira extrañado y dice “No me pediste nada”.
“Lo que pasa es que vos no me escuchás” se oye a la primera
persona, quejarse amargamente, “víctima” de la falta de escucha del otro.
Muchas veces, este es el comienzo de una discusión que
impide aún más el escucharse.
¿Cuántas veces, el no pedir algo, provoca insatisfacción,
pérdida de la confianza en el otro y dispara emociones negativas?
Esto sucede a diario. Mucho más sencillo hubiera resultado
decir: “Tengo frío, te pido que enciendas el calefactor”.
No pedimos por temor
al NO, porque pensamos que quedamos en desventaja frente al otro, porque no
queremos mostrar una necesidad (si somos autosuficientes, ¡qué tanto!), porque
nuestro ego y nuestra autoestima se ven menoscabados (¿frente a quién?, ¡Frente
a nuestro ego, claro!), etc.
El simple hecho de pedir, claramente, en voz alta y con
amorosidad, provoca en los demás el deseo de dar, de compartir, generando en el
otro la posibilidad de ser útil y eso refuerza su propia autoestima. ¿Lo
pensaron alguna vez?
¿Y algo así como pedir adecuadamente mejora, entonces, las
relaciones entre las personas? ¿Hace fluir la comunicación? ¿Consolida vínculos?
Y digo esto, en cualquier orden, personal, laboral, familiar, de pareja, de
amistad, en la escuela o la facultad, etc.
¡Algo tan sencillo!
Pero aún falta un “ingrediente”: Cuando pedimos, la otra
parte debe aceptar o no el pedido. O sea, las respuestas posibles so dos, Sí o No.
Bueno, deberían ser dos. Muchas veces escuchamos un “Ni” o
un “So”, por respuesta. Y esto también atenta contra una comunicación sana.
El secreto para evitar las respuestas evasivas, consiste en
pedir claramente, lo que se desea. De esa manera, el otro, podrá solicitar
aclaraciones al pedido, pero no podrá no responder, también claramente. Eso es
una comunicación sana.
Y de nuestra parte, debemos tener muy claro que un NO por
respuesta del otro, es una posibilidad. Que no debería afectar nuestro ego o
nuestra autoestima y que, además, nos abre la puerta para una conversación
acerca del “por qué no”, a nuestro pedido, que puede terminar en un proceso de
entendimiento mucho mayor, si existe confianza y aceptación entre las partes.
Aunque esta es “harina de otro costal” o sea, tema de otra
nota.
Antes de terminar, un pedido: Que hagan sus comentarios
acerca de las notas de mi blog. Eso me permite mejorar y acceder a aquellos
temas que sean del interés de ustedes. Gracias y seguimos en contacto.
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