lunes, 12 de enero de 2015

ESTRATEGIA Y AZAR, UN EJEMPLO PERSONAL

Tomé el tren rumbo a estación Merlo, para entregar unos productos a un cliente y mantener una entrevista de negocios (previamente concertada por teléfono), con otro.


De camino, vi que un tren había sufrido un descarrilamiento, eran las 10,30hs. Pensé: "No es nada, de modo que al volver no habrá problemas.


Al llegar al cliente donde debía hacer entrega de los productos, me dí cuenta que me había equivocado de caja y que llevaba timbres inalámbricos en vez de linternas. Contrariado, quedé en volver y me dirigí a la entrevista de negocios. El futuro cliente se "había tenido que ir urgente", según me dijo el empleado y por lo tanto, no hubo entrevista.


Seguí hasta la estación para volver. aún no había trenes. "Tomaré un colectivo y listo", me dije, dispuesto a no enojarme.


En los 45 minutos que estuve parado al sol, con casi 34 grados de temperatura, solamente pasó un colectivo que no paró, porque iba lleno. 


Decidí, entonces, ir a almorzar tranquilo y luego ver qué hacía. Así fue.


Volví a la estación después de comer y había trenes pero, "demorados", por el accidente.
De modo que, aproximadamente cinco horas después de partir, llegué a mi casa, acalorado y sin que nada de lo previsto hubiera sucedido.


Fue entonces cuando entendí la diferencia entre la estrategia y el azar y cómo estar preparado para hacer otras cosas cuando el azar se ríe de nuestra "segura planificación".

Estrategia y azar, son los dos límites entre los que accionamos los humanos en el mundo. Estrategia, nos permite suponer que tenemos todo "bajo control". Es una ilusión que dura poco, exactamente hasta que comienzan las consecuencias de nuestros actos. Es poco o nada lo que podemos controlar.

Azar: En mi opinión tiene una lógica, que desconocemos. Es lo que a veces damos a llamar "el universo". No obstante, el "universo", tiene sus propias leyes. No es suerte, es una lógica diferente que no llegamos a entender con nuestro pensamiento racional. 


Así va siendo nuestra deriva por la existencia. Por eso somos seres humanos, todo se rige por el principio de incertidumbre.

Tener metas y planes para lograrlas, es ejercer la estrategia.

Sin embargo, hay que estar atentos al azar. Generalmente es el que nos marca caminos y posibilidades que no hemos podido distinguir.


 El secreto es aprender a cambiar estrategias, a partir de hechos aparentemente azarosos. 

Finalmente, lo que importa es llegar a lograr aquello que nos propusimos o lo que deseemos de lo que "el universo", nos proponga día a día.

El azar no es suerte. Y tampoco se trata de sentarse a esperar que suceda algo.

Cada uno debe crear el contexto en el que desea que funcione el azar. Es decir que para que algo suceda, debemos movernos en la dirección deseada y tratar de ubicarnos en el sitio exacto donde funcionará la sincronicidad para que aquello que esperábamos se cruce con lo que estábamos haciendo para que ocurra.


Dicho de otra manera: No esperemos que llueva sopa, con un tenedor en la mano, porque cuando suceda seguiremos hambrientos.


martes, 13 de mayo de 2014


QUIÉN ES Y QUÉ HACE UN COACH ONTOLÓGICO


No son pocas las veces que somos preguntados acerca del significado de la frase que da título a estas reflexiones.

En principio, podríamos decir que la palabra Coach, proviene de los deportes, donde hay una persona que está el frente de un grupo y lo guía y lidera hacia el logro de los objetivos de la disciplina que practican.

En ese sentido un Coach deportivo, tiene conocimientos (expetisse) de los aspectos técnicos y físicos a desarrollar más las tácticas y estrategias que lleven a su equipo a lograr los resultados propuestos.

Esto, entendiendo la idea desde el concepto de “Texto o contenido”.

No obstante, un Coach deportivo, tiene también habilidades de “contexto” o podríamos decir, de aquello que rodea al texto, conteniéndolo, tales como la capacidad para motivar, el manejo de grupo, un ascendiente emocional entre sus dirigidos, etc.

Todo esto puede definir a un Coach deportivo, de donde proviene el nombre de nuestra profesión.

Lamentablemente, aquel análisis, no llega a poder definir claramente la pregunta de esta nota.

Podríamos decir que un Coach ontológico es un experto en habilidades comunicacionales, entre las que se destaca, claramente, la escucha efectiva.

También podemos definir que un Coach Ontológico es alguien que está profundamente convencido que todos los seres humanos (incluyéndolo a él o ella), somos “modelos para armar” o “seres humanos en construcción permanente”. Y que hace de este concepto el eje en torno al cual gira todo su accionar.

Los Coaches Ontológicos, conciben al ser humano como una existencia que construye su esencia a través de la vida y que en ese permanente construir, va generando acciones que provocan determinados resultados, (Ser- hacer- tener).

El Coaching Ontológico es, por definición, “constructivista”, ya que considera a la vida como un proyecto que puede redefinirse (rediseñarse), permanentemente. Por lo tanto, los seres humanos, estamos en condiciones de elegir el tipo de vida que queremos o, dicho de manera más “coachística”, somos capaces de hacernos cargo, siendo responsables, de ejercer el poder que tenemos de diseñar nuestra vida, de liderarla.

Para ello, el Coach Ontológico, se fundamenta en varias disciplinas, tales como la Filosofía (especialmente Sócrates y algunos sofístas y el Existencialismo), la Psicologia (Carl Rogers y la Escuela Personalista, Víctor Frankl, etc) y especialmente en los constructivistas, a partir de grandes científicos como J. Piaget y otros.

Desde esa mirada, los Coaches Ontológicos, definimos nuestro accionar, en el campo de los seres humanos y sus modos de pensar (modelos mentales), propios o heredados, que definen las maneras particulares que tenemos de hacer para obtener resultados.

Cuando nos preguntamos por nuestra vida, nuestro futuro y nuestro “estar siendo”, habitualmente entramos en espacios de incertidumbre, en los cuales “navegamos” constantemente y muchas veces nos sentimos incapaces de actuar o modificar, determinadas acciones, debido a que no hallamos las respuestas que buscamos. A estos espacios los denominamos de “ceguera cognitiva”. En esos espacios, actúa un Coach Ontológico, ayudando a su Coachee a encontrar las respuestas que busca y que solo no puede hallar.

Para poder hacerlo, los Coaches apelamos a la técnica de la pregunta, haciendo de “espejo” de nuestros clientes, a fin de ayudarles a ampliar sus espacios de posibilidades, para que puedan, finalmente construir la respuesta que buscan y desde ahí accionar para lograr resultados mucho más importantes que los que venía logrando hasta ése momento.

Sabemos, por nuestra formación, que las personas tenemos diferentes maneras de aprender. Una, la más común se denomina “ensayo- error”. Sin embargo, el problema se presenta cuando una misma acción, ya no provoca el resultado esperado o esperamos tener resultados mayores.

Entonces, aparece la forma de aprendizaje, consistente en buscar nuevas maneras de accionar para lograr resultados diferentes.

Todo esto constituye lo que denominamos “aprendizaje de primer grado”.

Existe otra forma de aprendizaje, el “aprendizaje de segundo grado”. 

Éste, esencialmente consiste en reconocer los límites que nos ponemos, encontrar las maneras de superarlos y ampliar de esa forma el horizonte de posibilidades que se nos presentan para poder escoger aquellas acciones que jamás imaginamos que podríamos realizar y por lo tanto, obtener los resultados que no pensábamos que éramos capaces de tener.

En este espacio actúa un Coach Ontológico. Está poderosa herramienta, aplicada primero en cada uno de nosotros, es la que utilizamos para que nuestro Coachee, siempre desde su “querer hacer” y su hacerse cargo como protagonista de su vida, pueda ir hallando sus propias respuestas.

Nuestra actitud como Coaches es la de escucha efectiva, la de la amorosidad y el respeto por el otro, que es el líder de su propio proceso.

 Los coaches preguntamos para saber cómo es el otro. No juzgamos no criticamos y nos manejamos con metáforas y analogías, ya que creemos en el poder generativo del lenguaje y en la condición única del lenguaje humano que es la recursividad, es decir la cualidad que tenemos de pensar y repensar lo que decimos.

Los coaches ontológicos, actuamos sabiendo que los humanos somos la suma de cuerpo, emocionalidad y lenguaje y que es posible acceder a nosotros desde cualquiera de los tres dominios. De ahí que, desde la amorosidad y el respeto, lleguemos hasta donde nuestro coachee desee que lo hagamos, a través de la indagación para poder conocer su estructura de sentido y su “cómo” o “por qué” a fin de ayudarle a encontrar otros “para qué” y poderosas formas diferentes de ver las cosas, para construir el ser que desea ser.   

Los Coaches Ontológicos estamos entrenados para trabajar con personas y grupos, pudiendo intervenir en su construcción o diseños de acciones, posicionándonos como observadores privilegiados, que trabajan en los contextos personales y existenciales, como también en los organizacionales, tales como visión, misión, valores, cultura, clima organizacional, relaciones comunicacionales, liderazgo, resolución de conflictos, etc.

Esta es la respuesta, somera, pero consistente a la pregunta que nos hicimos al principio.


Espero que sea este un buen aporte para definir el “ser” y el contexto para la acción de quienes abrazamos esta hermosa profesión. Un saludo.



viernes, 25 de abril de 2014

YO, NOSOTROS Y LOS OTROS
RESPETO, TOLERANCIA, ACEPTACIÓN

Solemos escuchar a personas que, con aire de estar diciendo una verdad revelada, aconsejan tener “tolerancia”.
La pregunta es: ¿de qué hablamos, cuando hablamos de tolerancia?
Sostengo que, casi sin darnos cuenta, lo hacemos desde un sitio en e cual sabemos que hay otros que piensan o actúan diferente,  pero los soportamos, aunque creamos que están equivocados o no nos interese saber nada más de ellos. Simplemente, los sabemos ahí y fin del tema.
Esta actitud, a mi juicio, es decir, cuidar el espacio propio, el conocido, el que nos da seguridad, implica tolerar, mientras el otro no nos invada o incomode.
Algunos, utilizan aquel latiguillo sobre la tolerancia, aunque, ¿eso constituye un valor ético o moral?, ¿implica reconocer a los otros o simplemente, “aguantar” que estén allí?
En cambio, cuando hablamos de Aceptación, reconocemos que ahí hay otro, que tiene su modo de ser o de pensar, que es diferente al nuestro y que, por lo tanto, constituye a alguien diferente, a un auténtico “otro”.
Desde este sitio, lo aceptamos y también aceptamos la posibilidad de que pueda aportarnos conocimientos y experiencias que nos enriquezcan, nos agreguen valor y nos hagan crecer en nuestro “estar siendo”.
Cuando esto sucede, el otro también nos reconoce y comparte, generosamente, aquello que tiene para ofrecernos, construyéndose así una sinergia muy especial, creativa y poderosa.
Esto se puede verificar en todos los dominios de nuestra vida, familia, pareja, trabajo, amistad, sociedad, interculturalidad.
Corramos el límite de la reflexión un poco más.
Afirmo que, Aceptación, Aprendizaje y Amor, así, con mayúsculas, van de la mano.
Si Amor es el encuentro profundo y cálido con otro, donde dos pueden seguir siendo dos, pero que se convierten en uno diferente y superador, donde ese nuevo todo, es mucho más grande que las partes que lo componen, entonces la Aceptación y el Amor, son, casi, la misma cosa.
Un poco más allá. Resulta muy sencillo aceptar a otro, cuando es como nosotros queremos que sea o actúa como esperamos que actúe.
En ese caso, ese otro, pasaría a ser una confirmación de nosotros mimos. Una extensión nuestra.
No habría nada que aceptar, porque, al proyectarnos en el otro, lo que vemos o esperamos como resultado, es que haga lo que nosotros esperamos que haga.
La cuestión es cuando el Otro, es un diferente, un distinto.
Yo he visto, en una plaza pública a madres y niños de una escuela para personas con capacidades especiales, compartir alegremente una Feria de Platos a beneficio.
Y, también he visto a las personas que caminaban por las calles, cruzarse de vereda, para no tener que ver de cerca a los “diferentes”,  a los “discapacitados”.
El color de la piel, la educación, la religión, etc, es donde muchas veces colisionamos nuestro modelo mental con el de los otros, y elegimos negar, excluir, criminalizar, invisibilizar. Y los hacemos parte de nuestros juicios previos negando su “ser otros”.
Pero, entonces, ¿Quién y cómo es aquél Otro? ¿Cuál es su manera de ser y ver el mundo y a nosotros? ¿Podemos llegar a saberlo?
Afirmo que nosotros construimos en nuestra mente a ése Otro, de acuerdo al tipo de observador que somos de lo que llamamos “realidad”. Y ése observador, particular y único, observa desde su herencia biológica, cultural, social, familiar, educativa y experiencial.
En la medida que nuestro observador actúe en “piloto automático”, lo que veremos será lo que quisiéramos ver del Otro.
Será lo que nosotros hayamos decidido que sea. Y lograremos que actúen como esperábamos que los hicieran.
Ése otro, estará hablándonos más de lo que nosotros pensamos que de cómo es en realidad.
A esta altura, caben, entonces, algunas otras preguntas:
¿Cuál es la construcción que, cada uno de nosotros, hacemos acerca de los demás?
¿Cómo son nuestras creencias, en relación aquél o aquellos otros?
¿Qué podríamos hacer para cambiar las creencias que nos limitan en nuestra posibilidad de acercarnos y aceptar a los otros?
¿Cuáles podrían ser nuestras actitudes y acciones personales, que demostraran claramente que aceptamos a aquellos otros?
Vivimos una etapa dramática, en la cual el “otro”, es negado, en cuanto constituye una amenaza construida por quienes, interesadamente, buscan fragmentar nuestra sociedad y destruir el tejido solidario, entre nosotros.
Más aún, se intenta invisibilizar, negar a los otros, a los diferentes. Se los criminaliza, muchas veces, porque habla distinto, se viste distinto, escucha una música distinta o es pobre, de tez oscura y vive en lugares infrahumanos.
Nos molesta. Nos sentimos “inseguros” en su presencia, porque el bombardeo mediático crea el relato que aquellos, los “otros”, son los culpables de lo malo que puede suceder a diario.
Muchos llegan al punto de querer que no existan, que desaparezcan, que no tengan entidad alguna, como dijo un tirano argentino: “los desaparecidos son eso, desaparecidos, no están”…
De nosotros depende, construir una sociedad más justa e inclusiva, con aciertos y errores, pero igualitaria, donde el otro sea reconocido y valorado.
Invito a mis “otros”, a reflexionar sobre esto y también acerca de lo difícil que es aceptar a otro, cuando es un distinto. Abrazo.




jueves, 20 de marzo de 2014

La  danza Conversacional: Intimidad Amor  y Aceptación, la Conversación de Coaching

Estamos sentados, frente a frente, ella y yo. Nos miramos, tratando de descifrar al otro.

Ella está un poco ansiosa. Su postura corporal y la manera en que se frota, suavemente las manos, me lo indican. Está a la defensiva.

Yo la observo y mi mirada trata de ser serena y generar confianza, a partir de ese primer acercamiento.

Sonríe. Han pasado apenas diez o veinte segundos. Yo comienzo a hablar:

“Esta es una conversación de Coaching. En la misma, vos podrás traer algún tema que te resulte inquietante y que quieras poder ver claramente. Vos sos la protagonista de este espacio. Decidís qué y cómo querés hacerlo. Decidís hasta donde llegar”.

“Yo, declaro mi total compromiso de confidencialidad. Lo que aquí hablemos quedará en mí y no saldrá de este espacio nuestro”.

“Te escucharé y no te juzgaré, ni criticaré y mucho menos, te diré qué hacer. Esto es debido a que solamente vos sabés cuál es la respuesta a tu inquietud. Y yo te acompañaré en el camino de encontrarla”.

“Sí, te pido permiso para hacer, de vez en cuando, alguna interpretación de lo que escucho. Puede servirte o no, pero será para que yo pueda aclararme lo que no entienda”.

“¿Cuál es la inquietud que querés traer a la conversación?”

Aquí comienza la danza.

Una conversación de Coaching, es un espacio de co-construcción de algo que antes no existía. Un recorrido conjunto desde el borde de la brecha en que se encuentra el/la coachee, hasta la otra orilla, en la que estará la respuesta que le permita accionar para logros impensados.

En ese espacio único y amoroso, pueden suceder muchas cosas. Y a veces no suceder ninguna.

Como el Coach no hace interpretaciones acerca de los por qué, sino que busca los para qué, los cómo, los cuáles, etc. hay conversaciones que deben suspenderse ya que el coachee no desea seguir avanzando. O también cambiar de rumbo. Apasionante danza conversacional.

En ese espacio único, la confianza la escucha y la aceptación, son la clave para ir avanzando, poco a poco.
Es maravilloso ver cómo se iluminan los ojos y aparece la sonrisa o las lágrimas de emoción, cuando el/la coachee encuentra, desde su propia construcción, aquella respuesta que intuía o sabía y que por vaya a saber qué limitantes (miedo, baja autoestima, juicios previos, inferencias, cultura, educación, etc) no podía ver con claridad.

Y como va asumiendo el poder inmenso que tiene. Construir su propio estar siendo.

Y en ese amoroso espacio, también generamos juntos los nuevos aprendizajes. Aquellos que permiten cambiar algún modo de ser, para que los logros planificados se hagan permanentes.

De eso se trata trabajar, juntos, una conversación de Coaching.

Para mí, el mejor pago, es cuando escucho el ¡Gracias! emocionado de aquél otro al que acompañé.


Y luego viene el abrazo, profundo, amoroso.

 Él o ella, no saben que yo he aprendido mucho más en ese proceso. 

El gracias es mío. 

martes, 10 de diciembre de 2013

COACHING, ACCIÓN Y RESULTADOS

Muchas veces, nos preguntan y nos preguntamos, ¿para qué sirve el coaching? Es una inquietud recurrente entres los posibles clientes y también entre los coaches.

Y también surgen, en forma inevitable, las comparaciones entre coaching, psicoterapia, consultoría y otras disciplinas.

No entraré en comparaciones con otras, ya que respeto a todas y la idea es sumar y no competir por espacio, aunque haré algunas reflexiones acerca de cuál es el accionar del coach, en sus intervenciones y cuáles son los objetivos buscados, en ese proceso de ayudar al coacheado a superar la brecha de inquietud en que suele hallarse cuando pide una conversación.

Nosotros, los coaches, sabemos muy bien que lo que busca quien se nos acerca es obtener un resultado diferente e importante, como corolario de su inquietud o quiebre.

Es por eso que, partiendo de las palabras del cliente y a través de preguntas, metáforas, analogías, dinámicas corporales o emocionales, etc, buscamos acceder a aquellos juicios (opiniones, creencias) que conforman los paradigmas de base de los coachees.

En la medida en que el coacheado pueda hacerlos concientes o sea, nombrarlos, experimentarlos y encontrarles fundamentación o no, será capaz, por sí solo, de hacer los cambios que desee a fin de poder accionar de otra manera y lograr otros resultados, más importantes que los obtenidos hasta el momento de la consulta.

Esto se logra a través de un proceso, de pocas conversaciones, siempre y cuando el coacheado esté dispuesto a “bucear” en sus propias creencias.

Es que hay distintas formas de lograr resultados. Una es cambiando las acciones. Evidentemente, cambiarán los resultados. 

Sin embargo, esto no garantiza cambios duraderos, ya que las creencias que generaban las repuestas anteriores a los problemas, volverán inevitablemente.

Y esto, debido a que no es nada sencillo cambiar de un día para otro, los modelos mentales heredados y adquiridos acerca de cómo ve cada uno el mundo y las cosas.

Otro paso a lograr, trabajando en un proceso de coaching, es ir “más allá”, “correr los limites” y desafiar las creencias.

A través de un arduo trabajo de acompañamiento, el coach y el coachee, irán desarmando capa a capa, la “cebolla ontológica” y encontrando las creencias limitantes del accionar exitoso, en la búsqueda de los resultados esperados.

Muchas veces, se puede llegar a identificar las creencias, filtrarlas, eliminarlas y cambiarlas por otras fundamentadas en hechos aceptados como tales por el coachee.

Esto genera un aprendizaje, que lleva a la acción y el logro de resultados importantes, de manera más permanente.

Y si se avanza más en el proceso de coaching, es posible llegar hasta lo que denominamos “transformación”, es decir, cambiar los paradigmas de base (o algunos de ellos). Esto ve a generar el cambio profundo y totalmente diferente, en la manera de ver las cosas y el mundo, en la forma de accionar frente a las inquietudes que se presenten y al ser producto de un cambio en lo que llamamos “el modo de ser”, generará un “estar siendo en el mundo”, totalmente diferente, libre de creencias limitantes.

Declaro que esto es posible, esencialmente, porque lo he experimentado en mí mismo, trabajando con mis coaches, no sin esfuerzo y hasta dolor (existencial) y también porque lo he visto suceder en algunos de mis coachees. Es impactante presenciar el momento en que se ilumina la  mente y cambia el estado de ánimo, acompañado de una corporalidad “de descubrimiento”.

 Hace que agradezca a Dios el ser Coach.

Sería imposible lograr esos resultados sin contar con el coachee y sus ganas de hacerlo, comprometerse y responsabilizarse. Es por eso que siempre reconozco a cada uno de ellos y ellas, la oportunidad que me da de entrar en su existencia y compartir algo de su esencia.


En conclusión, el coaching es una poderosa herramienta que permite a las personas lograr resultados extraordinarios en poco tiempo, accionando desde un modo de ver y ser (el observador), diferente al que era hasta el momento del proceso.

 Gracias a mis coachees, por permitirme acompañarlos.

viernes, 22 de noviembre de 2013

“TENGO MIEDO…”
EL MIEDO, ¿MITO, CREENCIA O REALIDAD?

Un bosque, árboles altísimos, una cascada de agua limpia y fresca…por todas partes frutas y plantas, que sumadas a los animales que proveen una deliciosa carne, son el sitio ideal para la vida del hombre.
Subiendo por la ladera de una sierra, puede observarse una luz. Es un fuego que brilla cálido y alegre, en una caverna.
Adentro, un clan de homo sapiens, comparte la comida, juega, se despiojan, tienen sexo y luego, se duermen, cansados, esperando el otro día, para salir a cazar.
Esto sucede muchos miles de años atrás, en el norte de lo que hoy es España, la zona que hoy denominamos Altamira.
De pronto, un sonido, se escucha, proveniente de la oscuridad del exterior de la caverna.
Parece un rugido, feroz, terrible, que despierta a los hombres, mujeres y niños y les hiela la sangre.
Todos se amontonan, cuerpo contra cuerpo, en el fondo de su hogar. Así se sienten más “seguros”. Unos junto con otros, en su casa, detrás del fuego que los protegerá, según ellos creen, pues, generalmente los animales suelen huir del mismo, le tienen “miedo”.
Curioso, el miedo de los animales y el de los hombres, son parecidos. Los animales, no saben por qué, pero tienen inscripto en su ADN, el miedo al fuego…y huyen de él.
Los hombres, saben de esto y sienten que están seguros, protegidos por el fuego, dentro de su caverna.
Afuera el rugido, se escucha más cerca. Los hombres se acurrucan aún más en el fondo de la caverna. Así pasan las horas. Los homo sapiens se duermen, sale el sol.
Tímidamente y aún con el miedo en la sangre, y con dolor en el estómago, fruto de ese temor, algunos de ellos, los más jóvenes y fuertes, se atreven a salir de la segura caverna.
No se ve nada más que el paisaje habitual. Pasó el miedo, pasó la noche, habrá que ver cómo viene la próxima oscuridad…
Esta historia, seguramente ocurrió muchas veces en los miles de años que llevamos los humanos en esta tierra. A través de los tiempos, los miedos nos acompañan día a día.
El temor de aquellos homo sapiens, fue cambiando. En la medida que dominaron el fuego y luego construyeron armas, en que domesticaron animales y fueron capaces de fabricar viviendas que los mantuvieran protegidos, perdieron algunos miedos.
Esencialmente, éstos desaparecieron cuando los humanos fuimos conociendo aquello que nos infundía temor. Y fueron siendo suplantados por otros miedos.
El miedo al rugido exterior a la caverna provenía de algo que no sabían bien qué era, pero que, por el sonido tan horrendo, significaba, para aquellos humanos una amenaza cierta. Nunca vieron qué era, pero ellos “sabían” que era peligroso.
Es más, ellos estaban seguros de que, acurrucándose en el fondo de la caverna, detrás del fuego, estaban protegidos, no tenían miedo, se sentían seguros.
Jamás pensaron que un trozo de roca de la caverna, podía haberse desprendido y aplastarlos o que alguna alimaña oculta en la oscuridad interior de la cueva, podría morder a algunos de ellos y matarlos con su veneno. Simplemente, ante la amenaza exterior, desconocida, pero portadora de un rugido que les hacía estar seguros de que era un animal peligroso, ellos respondían, del modo que juzgaban adecuado para salvarse del peligro.
Y esta última reflexión, nos lleva a preguntarnos ¿qué es el miedo?.
No pretendo que estén de acuerdo. Es más, la idea es que no lo estén, que pongan en tela de juicio lo que aquí diré:
El miedo es una opinión, es una idea que nos hacemos acerca de algo que desconocemos.
Y que nos supera. Algo, para lo cual sentimos que no tenemos recursos suficientes para superarlo. Por lo tanto, desde el fondo de nuestro inconsciente colectivo, optamos por tres posibilidades:
Escondernos, huir o atacar.
Generalmente, optamos por escondernos (victimizarnos) o huir (no hacernos cargo, evitando enfrentar el miedo) construyendo una historia que nos justifique ante nosotros mismos y los demás, acerca de por qué preferimos no enfrentar ese miedo.
Sin embargo hay otra manera de ver el temor: Como oportunidad, como posibilidad de aprendizaje y crecimiento.
Esa manera consiste en reflexionar solo o ayudado por un coach, acerca de qué es lo que necesitamos para superar ese miedo y cuáles serían las acciones a emprender.
Ayudados por un profesional capacitado, en pocas sesiones, seremos capaces de generar acciones que nos lleven, no solamente a diluir el miedo, sino también a cambiarlo por un estado de ánimo altamente positivo, la Confianza.

Desde ese lugar, desde la confianza, basada en una poderosa autoestima, podremos construir una vida plena, donde los obstáculos signifiquen siempre posibilidades de crecer. La decisión es de cada uno. 

martes, 24 de septiembre de 2013



LOS PEDIDOS Y LA COMUNICACIÓN EFECTIVA 
o ¡CUÁNTO NOS CUESTA PEDIR!

Estábamos en una animada reunión familiar. Había unas cuantas personas y todas conversaban alegremente.

De pronto, una de las asistentes, me preguntó por los cursos que publicamos en FB. Le dije que estoy muy contento con la cantidad de personas que participan y también con la interacción que se logra, además de que con algunos de ellos, continuamos la relación, a través de procesos de coaching que me solicitan.

La persona que me hizo la pregunta, yo lo sabía, fue una de los primeros Me Gusta de mi fan page, JFM-COACH DE PERSONAS Y ORGANIZACIONES. ¡Hoy somos casi 1000!, por lo que le hice un reconocimiento por haber sido una de los 10 primeros.

Entonces le dije qué le parecía la idea de los cursos. Me dijo que muy  interesante y que veía con buenos ojos los temas y que la gente se anotara.

Pregunté, entonces qué sucedía con ella. Me respondió que a ella también le interesaban.

Mi nueva pregunta fue si lo que estaba haciendo era un pedido para participar en uno de los cursos. Se rio y me dijo que sí, que le encantaría, ya que además le había gustado mucho la idea del Taller de Coaching  Autogestionado.

Le pregunté, por qué no se había anotado y me dijo que no estaba en condiciones de pagar el costo, aunque sabía que era muy económico.

Pregunté, por qué no me pidió anotarse y que yo, seguramente, por ser una de los primeros 10 Me Gusta, le hubiera invitado si me comentara que no podía pagarlo.

La respuesta, fue, “No puedo hacer eso, es tu trabajo”.

“Por favor, dejame a mí decidir sobre mi trabajo”. “Si me lo pedías, con mucho gusto te hubiera invitado, del mismo modo que estás invitada a participar, sin cargo, en el próximo curso que elijas”, respondí.
 “Lo único que tenés que hacer, es pedírmelo cuando lo veas publicado”.

Me agradeció y la reunión continuó, conversando con varias personas acerca del coaching y cómo ayuda a encontrar caminos a quienes no pueden hacerlo solos.

Y me quedé pensando, luego acerca de qué es lo que nos impide pedir o aceptar una oferta de algo que deseamos.
Sé que a los seres humanos nos cuesta mucho pedir y cuando pedimos, más de una vez, es como si lo hiciéramos para no obtener lo pedido.

Un ejemplo:

 “Hace frío y el calefactor está apagado”, dice alguien. Al rato, vuelve sobre el tema:

“Te pedí que enciendas el calefactor y no lo hiciste, tengo frío”

El interlocutor mira extrañado y dice “No me pediste nada”.

“Lo que pasa es que vos no me escuchás” se oye a la primera persona, quejarse amargamente, “víctima” de la falta de escucha del otro.

Muchas veces, este es el comienzo de una discusión que impide aún más el escucharse.

¿Cuántas veces, el no pedir algo, provoca insatisfacción, pérdida de la confianza en el otro y dispara emociones negativas?

Esto sucede a diario. Mucho más sencillo hubiera resultado decir: “Tengo frío, te pido que enciendas el calefactor”.

No pedimos por temor al NO, porque pensamos que quedamos en desventaja frente al otro, porque no queremos mostrar una necesidad (si somos autosuficientes, ¡qué tanto!), porque nuestro ego y nuestra autoestima se ven menoscabados (¿frente a quién?, ¡Frente a nuestro ego, claro!), etc.

El simple hecho de pedir, claramente, en voz alta y con amorosidad, provoca en los demás el deseo de dar, de compartir, generando en el otro la posibilidad de ser útil y eso refuerza su propia autoestima. ¿Lo pensaron alguna vez?

¿Y algo así como pedir adecuadamente mejora, entonces, las relaciones entre las personas? ¿Hace fluir la comunicación? ¿Consolida vínculos? Y digo esto, en cualquier orden, personal, laboral, familiar, de pareja, de amistad, en la escuela o la facultad, etc.

¡Algo tan sencillo!

Pero aún falta un “ingrediente”: Cuando pedimos, la otra parte debe aceptar o no el pedido. O sea, las respuestas  posibles so dos, Sí o No.

Bueno, deberían ser dos. Muchas veces escuchamos un “Ni” o un “So”, por respuesta. Y esto también atenta contra una comunicación sana.

El secreto para evitar las respuestas evasivas, consiste en pedir claramente, lo que se desea. De esa manera, el otro, podrá solicitar aclaraciones al pedido, pero no podrá no responder, también claramente. Eso es una comunicación sana.

Y de nuestra parte, debemos tener muy claro que un NO por respuesta del otro, es una posibilidad. Que no debería afectar nuestro ego o nuestra autoestima y que, además, nos abre la puerta para una conversación acerca del “por qué no”, a nuestro pedido, que puede terminar en un proceso de entendimiento mucho mayor, si existe confianza y aceptación entre las partes.

Aunque esta es “harina de otro costal” o sea, tema de otra nota.


Antes de terminar, un pedido: Que hagan sus comentarios acerca de las notas de mi blog. Eso me permite mejorar y acceder a aquellos temas que sean del interés de ustedes. Gracias y seguimos en contacto.