jueves, 23 de mayo de 2013

LA PROPIEDAD DE LA PALABRA

“Palabras, palabras, palabras…”, decía la canción. Diariamente se dicen, escriben y editan millones y millones de palabras. En las relaciones interpersonales, en el ámbito laboral, en el dominio de las ciencias, del arte. Hay palabras habladas, escritas, pensadas.

Hay palabras que se emiten por los medios masivos, por las redes sociales. Hay palabras reconocidas por la Real Academia y otras que son neologismos, que con el tiempo pasan a ser reconocidas como oficiales. Hay palabras de todo y tipo y para todo uso.

En verdad los seres humanos, como diría R. Echeverría, nos constituimos como humanos, en el lenguaje.

 Somos lo que decimos y también como pensamos y además decimos lo que somos y pensamos como somos. No hay error, lo que se dice es aquello que se es.

La palabra, entonces es de todos, construye realidad y genera acción. La palabra crea mundos de posibilidades y constituyen las visiones y las interpretaciones que rigen en determinadas épocas.

 Las palabras construyen los paradigmas que gobiernan todas las acciones y los pensamientos humanos en los distintos momentos históricos.

 Los discursos históricos, se construyen con palabras y sus dueños, explican la “realidad” de cada momento. 

El mundo “es” lo que los dueños de la palabra dicen que es.

Entonces, ¿quiénes son los dueños de las palabras ?

Si coincidimos en la idea que quienes construyen los discursos históricos, son los dueños de las palabras que explican el mundo y ponen “cada cosa en su sitio”, de acuerdo a la interpretación que ellos mismos hagan de las cosas, podemos concluir que quien controla el mundo en alguna época, es quien tiene el relato histórico y que lo impone como una verdad, en forma hegemónica.

¿Quién, durante el Imperio Romano, iba a interpretar la historia de la época, desde otra visión que no fuera la de Roma? ¿Qué posibilidades podría tener alguien, durante la Alta Edad Media de seguir con vida si no aceptaba que el sol giraba alrededor de la Tierra y que ésta era el Centro del Universo, por la Gracia de Dios?

En todas las épocas, hubo un relato dominante que explicaba todo, de acuerdo a la interpretación y los intereses de aquellos que detentaban el poder. El Señor Feudal o el Monarca absoluto, recibían su poder de Dios, que lo había elegido para reinar sobre otros hombres, de acuerdo a su “Real” voluntad.

Y cuando los hombres se rebelaban contra el poder establecido, eran puestos fuera del sistema, desterrados, anatematizados, quemados en hogueras, asesinados y considerados escorias diabólicas que osaban desafiar el mundo tal y como estaba establecido, de acuerdo al relato dominante.

 Aquel que, como el esclavo Espartaco, enfrentaban el poder de la Roma Imperial, denunciando la esclavitud, la cara más represiva, eran transformados en aquello que denunciaban y como aquello iba contra del relato de los dueños de las palabras, pasaban a ser ellos los incivilizados, sanguinarios asesinos que merecían morir por atentar contra la pax Romana y su civilización.

Esta ha sido y es la forma de operar de los dueños de las palabras.

Aunque si, como decíamos al principio, las palabras que dicen los hombres, construyen relatos que otros hombres, que comparten aquellas palabras, contribuyen a convertir en discursos históricos y por lo tanto, cambios de paradigmas, estaremos aceptando que la propiedad de las palabras es de todos los humanos y que si algunos hombres construyen un relato diferente y están dispuestos a defenderlo y vivir de acuerdo a los nuevos paradigmas, porque, por ejemplo, permiten mayor igualdad entre aquellos que tienen el poder y los que no lo tienen, están en todo su derecho de hacerlo e incluso, llegar a vivir de acuerdo a ésa nueva explicación de lo que es el mundo.

Todos los cambios históricos, comenzaron por un cambio de relato de la historia.

 Inmediatamente, generaron una reacción, más violenta, cuanto más hacían peligrar los privilegios defendidos y establecidos por el anterior relato. No obstante, cuando los hombres se hicieron dueños de las palabras y ganaron la batalla cultural, poco a poco vino un cambio de época, de paradigma.

No hay un “pensamiento único”, no existió un “fin de la historia”, salvo en la fanática mente de algún Francis Fukuyama.

Lo que hay son cambios de época, donde aquellos que nunca pudieron hablar, se visibilizaron cuando se hicieron dueños de sus palabras, logrando demostrar que las palabras son siempre de aquellos que logran provocar los cambios de paradigma.

Y es muy importante referenciar que, siempre, los cambios de paradigmas en la historia, partieron de los bordes, de los límites exteriores, de los lugares más lejanos y olvidados e invisibles de los discursos históricos y se transformaron en una ola imparable, que cambió los tiempos. Y la humanidad, continuó progresando.


Y el mundo, poco a poco, se transforma en un lugar donde más gente puede ir vivir mejor y tener más derechos. Apropiarse de las palabras, genera mundos donde más personas pueden ser incluidas. 

Y así es.

domingo, 5 de mayo de 2013


De aprendices y  maestros

Esta nota ya la publiqué hace tres meses. Tuvo varios comentarios. Por esa razón, lo vuelvo a hacer. Espero que les guste. Jorge.

Una tarde de domingo. Una familia reunida, charlando y tomando mate, costumbre muy rioplatense.

De pronto surge la conversación, digamos, sobre política. Básicamente hay acuerdo, hasta que deja de haberlo, también como de costumbre.

Uno de los participantes hace un comentario que a otro la disparó una emoción muy fuerte. No está en desacuerdo con el otro, sino que su emoción está relacionada a situaciones vividas, que le hacen reaccionar con vehemencia, citando varios hechos, por todos conocidos, que sustentarían la opinión contraria a su familiar.

El primero, entonces, recurre a criticar el hecho de que su pariente “se enoja” y actúa como “un fanático”. Esto desencadena una discusión donde el primero trata de demostrar que el otro, justamente está equivocado porque “reacciona como un fanático” y el otro trata de explicar que lo hace así porque es “vehemente” y porque no está en contra de los presentes, sino que hay cosas que ya lo “tienen cansado” y provocan su reacción emocional.

Entrado en este terreno, la discusión llega a un punto en que, el primero se afirma en el juicio acerca del “fanatismo” y la “reacción agresiva” del otro y el segundo, se siente agredido, pensando que están atacando a su modo de ser, en vez de discutir sobre ideas.

 La conversación va el terreno de “Tener razón”, la imagen pública de cada uno y sobre todo afirmar su ego.

En un punto, el segundo, toma conciencia de que, probablemente su reacción haya sido tomada como una agresión por el otro. Entonces pide disculpas, diciendo que de ninguna manera intentó ser agresivo, que simplemente fue vehemente para expresarse y que si se seguía por aquel camino, lo mejor era callarse y no seguir con el tema, porque no merecía la pena seguir conversando.

El primero sintió ese comentario y entonces, manifestó lo siguiente: “Te voy a enseñar una cosa” y comentó que no había que tener ésas reacciones porque no llevaban a ninguna parte y etc, etc.

El otro, se sintió doblemente herido, por el primer hecho y ahora por escuchar al otro que le “enseñaba” algo. Desde el estado emocional en que se encontraba, sintiéndose quizás invalidado, decidió tomar una actitud más humilde y respondió que agradecía la enseñanza, porque era alguien que estaba siempre aprendiendo. Esto no fue escuchado por el primero que continuó con sus “enseñanzas”.

 Por tercera vez, el otro pidió ahora claramente, disculpas y dijo que no volvería a actuar de modo que agrediera o hiciera sentir agredido al otro. Se desvió la conversación y al rato el grupo se dispersó a hacer diferentes cosas.

¿Qué piensan ustedes que sucedió?,

 ¿Cuántas veces se vieron en situaciones similares?, ¿cómo reaccionaron?,

¿Qué pensaban acerca del otro y qué creen que pensaba el otro acerca de ustedes?

¿Cómo deberían haber actuado?,

¿Qué pasó con sus emociones?,

¿Cómo hacer cuando éstas. Simplemente, aparecen?

 ¿Y el pedido de perdón, lo han escuchado o la han solicitado, alguna vez?  ¿Y qué pasó entonces?

¿Cómo se han sentido cuando pidieron o se les pidió perdón?

¿Cómo fue para ustedes perdonar / ser perdonados?

¿Cómo podrían actuar desde uno u otro lado en circunstancias similares?

¿Para qué hacerlo?

¿De qué se estarían haciendo cargo en su accionar?

Éstas y otras preguntas pueden ser respondidas para lograr un aprendizaje.

El coaching es una poderosa herramienta para aprender a rediseñar y rediseñarse con el fin de lograr relaciones satisfactorias con los demás y con uno mismo.

 Y se puede avanzar, trabajando en un dominio poco conocido, especialmente por los varones: el de las emociones.

Espero que esto desencadene reflexiones y comentarios. Más preguntas y respuestas. 

Aquí estoy, para el que lo desee.        

miércoles, 24 de abril de 2013


SOBRE COMPLEJIDAD, MULTIDIMENSIONALIDAD Y SINCRONÍA

La realidad es compleja, imprevisible, nada está definitivamente establecido.

En los últimos años, el pensamiento ha evolucionado, concluyendo que todo lo que antes solían ser certezas, hoy son apenas paradigmas que ven cambiando de acuerdo a las épocas y las maneras en que los hombres van interpretando el  tiempo en que les toca vivir, de generación en generación.

La palabra favorita de los que defienden la complejidad es “incertidumbre”. Esta palabra nos dice que, en realidad, no sabemos nada de lo que sucederá a partir de ahora mismo.  Es más, muchos de nosotros compartimos la idea de que el presente, en cuanto es concebido como una idea o sensación, es pasado.

 Si lo pienso, si pienso en el presente, entonces éste ya es pasado.

 Como conclusión podemos decir que el presente, no existe, es una creación basada en nuestra interpretación lineal de las cosas, es una distinción lingüística, perteneciente al viejo paradigma de la simplicidad, que nos permite diferenciarlo de lo que llamamos “pasado”, es decir aquello de lo que tenemos conciencia que “ya sucedió”. 

Cuando aquel pasado, “pasó” hace mucho “tiempo”, entonces lo llamamos “historia”, especialmente si sucedió antes de que nosotros naciéramos a esta vida que estamos viviendo.

El pasado en cuanto tal, es una construcción lingüística que, al igual que el presente y el “futuro”, se inscriben en el paradigma de la simplicidad, de la linealidad. “Antes”, es pasado, “ahora” es presente y “mañana”, es futuro, es decir aquello que todavía no sucedió, pero que sabemos que sucederá, como por ejemplo: “mañana saldrá el sol”.

Todas estas convenciones, estas distinciones del habla, en la cual vivimos, nos permiten “interpretar” la “realidad”, es decir ese conjunto de hechos, circunstancias, juicios y situaciones que acontecen ahora y el pasado y futuro recientes.

¡Los hombres, no podríamos vivir sin estos conceptos que están tan arraigados a la civilización a la cual pertenecemos!

Vivimos en un mundo tridimensional y todo nuestro modo de ver las cosas, parte de esta “limitación” biológica. Venimos equipados con un “sistema” sensorial para interpretar el mundo en tres dimensiones y en tres dimensiones, construimos todo nuestro mundo interno y externo.

Si descubriéramos y tuviéramos que aceptar que en la “realidad”, aquellos conceptos no existen, salvo en la mente y en los discursos históricos y prácticas sociales, si esto sucediera, estaríamos en serio peligro de desaparecer como especie, ya que estaría en tela de juicio una de las principales necesidades que los humanos buscamos satisfacer, desde siempre, la de “seguridad”. 

Y si todo esto lo pudieran aceptar todos los seres humanos, entonces estaríamos en presencia de una lucha sin cuartel, para poder estar “seguros”, es decir, nos destruiríamos entre nosotros.

En verdad no somos dueños, ni siquiera de la consecuencia de nuestras acciones. Cuando hacemos algo, más allá de las intenciones que tengamos, lo que sucederá a partir de allí, no podemos controlarlo; ¿Cuántas veces hicimos algo, esperando determinado resultado y luego sucede exactamente lo contrario? Entonces decimos ¡Yo nunca pensé que iba a pasar esto!

 Y cuanto más se alejan de nosotros, las consecuencias de nuestras acciones, son más inciertas aún. Es por eso que muchas veces nos preguntamos cómo puede haber sucedido algo, si nuestra “intención” era otra.

Existe un espacio en nuestra mente, que está ocupado por infinidad de cosas. Situaciones, ideas, posibles acciones, etc. que desconocemos y que, sin embargo, nos ayudarían a encontrar respuestas de todo tipo a nuestras inquietudes de saber y espirituales.

Ese espacio es el que los coaches denominamos como el espacio del “No sé que sé”.

Es algo que psicólogos del siglo XX, como Jung, denominaron, el “inconsciente colectivo”. Un lugar de nuestro psiquismo, donde estaría “almacenada” toda la experiencia de la humanidad a través de los tiempos. Un ejemplo, sería el miedo a la oscuridad o el temor al fuego, etc…

En ese espacio, la ciencia moderna está demostrando que existen muchos conocimientos aparte de las experiencias arcaicas. Y que es compartido por toda la humanidad, que lo tiene a su disposición, en la medida en que decidamos acceder a los mismos, partiendo de la humilde aceptación de que no sabemos todo y que ciertamente, debe haber cosas, más allá de nuestro conocimiento y entendimiento.

Nuestro entendimiento, solamente registrará lo que vemos, tocamos, gustamos y registramos. Nuestra alma, tendrá la posibilidad de ir “más allá”, es decir al mundo donde no existe el tiempo, donde no hay “antes” ni “después” y por ello, está a nuestra disposición todo el conocimiento de toda la humanidad, a través de todas las eras. Y lo que es más importante, también el conocimiento universal, almacenado en las bibliotecas del espíritu, allí donde solamente accedemos a través del encuentro en el  “no tiempo”, en el cual, como todo es presente, está todo el conocimiento adquirido por los hombres a disposición de quien quiera tomarlo.

En otro orden, en el mundo de las dimensiones múltiples, nos hallamos también con entrecruzamientos de búsquedas y es allí donde se producen los “hechos casuales”, para el común de la gente y con ellos los logros y realizaciones. Una búsqueda se encuentra con otra búsqueda y se obtienen las respuestas. A esto le llamamos “sincronía”. Este hecho, lo tenemos a disposición todos los seres humanos desde siempre y solamente, debemos tener confianza, estar centrados en aquello que realmente queremos y además estar atentos, porque la respuesta siempre llegará. 

Esto no es predestinación, ni mucho menos. Es simplemente, aprovechar el poder que nos otorga el Universo como humanos que nos lleva a través de nuestra libre elección, que llamamos “libre albedrio”, a escoger aquello que queremos escoger en cada etapa de nuestra vida.

En definitiva, somos enteramente responsables de todo lo que nos sucede, porque es nuestra elección. 

La sincronía nos lleva a encontrar aquello que estábamos buscando. No parece ser así, simplemente, así es. 


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martes, 9 de abril de 2013


EL PODER DE LA VISIÓN

Más de una vez he escuchado y mantenido conversaciones con clientes y amigos, de las cuales se desprende una gran insatisfacción con lo que están haciendo y con cómo están viviendo. En la mayoría de esos casos, ellos manifiestan que, en realidad, no se trata de un tema de dinero.

Suelo escuchar que “antes no tenía trabajo o dinero y era muy feliz”. “Me siento vacío/a por dentro”, “me van bien las cosas y no soy feliz”, “no sé qué me pasa”, etc.

Pregunto, entonces, acerca de si están haciendo lo que desean hacer. Si su trabajo, estudio o forma de vida, es la que quieren para sí mismos. Y ahí comienzan las dudas, en algunos casos y las quejas en otros.

Encuentro, casi siempre un juicio negativo acerca de lo que están haciendo o cómo es su vida. Y suelen fundamentarlo en que “otra no me queda”, “tengo una familia que mantener”, “ya soy viejo/a” o “es lo que me tocó”, “no puedo”. Escucho resignación.

Cada uno de nosotros podemos escribir una lista con todas aquellas “razones, motivos o circunstancias”, que nos impiden hacer aquello que realmente queremos.Y ahí está el problema.

Los humanos, fácilmente echamos la culpa de lo que nos sucede a “las circunstancias”, “lo que nos pasó”, “otra gente”, “el destino”, etc (¿me ayudan a escribir la lista?).

Y es así, sencillamente, porque somos humanos y nos incomoda tener que accionar, haciéndonos cargo de nosotros mismos, para ponernos en marcha a fin de cambiar “las circunstancias”. A este “hacerse cargo”, se lo llama: Responsabilizarse.

¿Quién es el dueño de su vida?,
 ¿Cómo cree usted que debería ser?,
¿Para qué quisiera que fuera de ése modo?
¿Cómo se sentirá cuando compruebe que lo está logrando?  
 ¿Qué está dispuesto a hacer para lograrlo?,
 ¿De qué se hará cargo, de los problemas e inconvenientes, llevándolos sobre sus hombros, como un pesado ataúd (perdonen la crudeza), hasta el momento en que se metan adentro y le pidan a alguien que los entierre?
¿O se harán cargo de aquello que quieren ser, aquello que quieren hacer, donde quieran hacerlo, con quién quieran hacerlo, como y cuando quieran hacerlo, o al menos intentarlo, hasta lograrlo?

Yo mismo he pasado por años, por una situación así. ¡Era fantástico! ¡Siempre había un culpable! Y yo era la pobre víctima que estaba presa de “las circunstancias”.

Gracias al proceso transformacional del coaching, aprendí que es uno el único responsable de lo que le pasa (no digo culpable, porque la vida es un proceso de aprendizaje). Pude reconocer que cuesta más trabajo llevar la mochila de la culpa sobre los hombros, que la carga de construir el tipo de vida que uno quiere. En mi caso, aquí estoy, con éxitos y fracasos, con aciertos y desaciertos, con entusiasmos y bajones, pero disfrutando el tipo de vida que elegí. Siendo yo mismo.

¿Cómo se puede comenzar? Es muy simple; reflexionando acerca de qué quiere hacer, dónde, cómo, cuándo y con quién quiere hacerlo. Respóndase a la pregunta ¿Para qué? Y luego comience a trabajar en el ¿Cómo? Y demás preguntas.

 Si siente que solo/a no puede, pida ayuda a un coach. Muchas veces no podemos reconocer nuestra visión, tapada por tantos años de hacer lo que “hay que hacer”, en vez de lo que “voy a hacer”, de tanto “tengo que”, en vez de “quiero”. Para eso, el proceso de coaching es una herramienta poderosísima.

Recuerden que deconstruir un modo de actuar y orientarlo hacia donde uno quiere, realmente ir, lleva mucho tiempo, ¡Casi una vida!, pero vale la pena.

Por último, ¿cómo podemos darnos cuenta que lo que hemos elegido hacer, es aquello que realmente es lo que queremos? Como respuesta, yo puedo decir que, el poder de una visión, de una meta poderosa, es casi magnético. Nos atrae al punto que no vemos, casi, otra cosa que el camino para llegar. Vivimos como hipnotizados por ese poder.

Ése poder, no es misterioso ni viene de afuera. Viene de adentro nuestro, exactamente de nuestro centro del Yo, de nuestro espíritu, que nunca enferma ni se confunde, porque está conectado con ése mundo multidimensional al que pertenecemos, pero que pasamos casi toda nuestra vida, sin saber que existe y estamos ahí.

De allí surge el poder y hace que funcione la sincronía, aquella propiedad que tiene el universo que permite que quienes estén centrados en su Yo Espiritual, encuentren, en un cruce del mundo de las dimensiones múltiples, los caminos y las respuestas, para el logro que se propusieron.

Hagan la prueba, vale la pena. Estoy para ayudarles, Y no es que parezca que es así. 

Es que es así.        

lunes, 25 de marzo de 2013


EMOCIONES Y ESTADOS DE ÁNIMO, ¿AMOS O ESCLAVOS?

Cuando nos emocionamos, sentimos estar poseídos por la emoción que nos inunda. “Estamos tristes”, “estamos alegres” o “sentimos tristeza o alegría”.
La emoción, las emociones, son así.  Aparecen, sin que las invitemos y del mismo modo, se van. Constituyen, quizás, el dominio humano al que menos importancia le han dado las ciencias, hasta mediados del siglo pasado, cuando empezamos a descubrir que los humanos somos emocionales, que actuamos desde lo que los estados de ánimo y emociones nos dictan.
En realidad, las emociones van y vienen, aunque siempre dejan algo que permanece en el tiempo: los estados de ánimo. Son ellos los que quedan como un rastro posterior a una emoción, los que siguen marcando, nuestro “estar siendo”.
Un hecho dispara una emoción; un estado de ánimo se constituye en nosotros y guía nuestro accionar durante el tiempo que permanezca. No tenemos emociones y estados de ánimo, ellos “nos tienen” a nosotros.  
No podemos controlar nuestras emociones. Pero ¿qué pasa con los estados de ánimo? ¿Qué sucede cuando pasa un hecho, digamos, doloroso?  Suele aparecer la tristeza y con ella, el llanto y la pesadumbre. Cuando desparecen las manifestaciones de la emoción “tristeza”, muchas veces permanece el estado de ánimo “tristeza”, “pesadumbre”, “depresión” (entendida no como enfermedad, sino como estado de ánimo, ej: “estoy deprimido”).    
¿Cuánto dura?, ¿hasta cuándo? ¿Cómo es nuestra vida durante ese tiempo? ¿Podemos salirnos de ahí y hacer cosas que nos hagan sentir bien o nos beneficien? ¿Cómo somos con quienes nos rodean? ¿Los demás, se acercan o sentimos que se alejan de nosotros?
La buena noticia es que, si bien no podemos controlar la aparición de nuestras emociones, gracias al aprendizaje transformacional que nos provee la conversación con un coach, podemos identificarlas claramente y también identificar el estado de ánimo del que somos presa y rediseñarnos para poder llegar a tener una vida más plena y beneficiosa para nosotros y quienes nos rodean.
Los estados de ánimo suelen estar fijados en algún hecho pasado que no sabemos o no podemos reconocer. A veces duran mucho tiempo, otras menos, pero en todos los casos, si corresponden a emociones negativas, harán que nosotros y nuestro entorno lo pasemos realmente mal.
No estoy entrando al terreno de la psicoterapia. Estoy diciendo que hoy día y gracias a la reconstrucción lingüística de las emociones y los estados de ánimo, podemos cambiar nuestro “estar siendo emocional”, siempre y cuando éste no sea de origen patológico.
Solamente se trata de mantener conversaciones con coaches especializados en estos temas, es decir coaches ontológicos.

Basta con “querer cambiar” y dejarse ayudar, con un poco de práctica y un proceso adecuado de coaching (seis a ocho conversaciones), es posible lograr grandes resultados. Espero vuestros comentarios. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

EL PODER DE LA VISIÓN


Más de una vez he escuchado y mantenido conversaciones con clientes y amigos, de las cuales se desprende una gran insatisfacción con lo que están haciendo y con cómo están viviendo. En la mayoría de esos casos, ellos manifiestan que, en realidad, no se trata de un tema de dinero.
Suelo escuchar que “antes no tenía trabajo o dinero y era muy feliz”. “Me siento vacío/a por dentro”, “me van bien las cosas y no soy feliz”, “no sé qué me pasa”, etc.
Suelo, entonces, preguntar acerca de si están haciendo lo que desean hacer. Si su trabajo, estudio o forma de vida, es la que quieren para sí mismos. Y ahí comienzan las dudas, en algunos casos y las quejas en otros.
Encuentro, casi siempre un juicio negativo acerca de lo que están haciendo o cómo es su vida. Y suelen fundamentarlo en que “otra no me queda”, “tengo una familia que mantener”, “ya soy viejo/a” o “es lo que me tocó”, “no puedo”. Escucho resignación.
Cada uno de ustedes puede escribir una lista con todas aquellas “razones, motivos o circunstancias”, que les impiden hacer aquello que realmente quieren.
Y ahí está el problema.
Los humanos, fácilmente echamos la culpa de lo que nos sucede a “las circunstancias”, “lo que nos pasó”, “otra gente”, “el destino”, etc (¿me ayudan a escribir la lista?).
Y es así, sencillamente, porque somos humanos y nos incomoda tener que accionar, haciéndonos cargo de nosotros mismos, para ponernos en marcha a fin de cambiar “las circunstancias”. A este “hacerse cargo”, se lo llama: Responsabilizarse.
¿Quién es el dueño de su vida?, ¿Cómo cree usted que debería ser?, ¿Qué está dispuesto a hacer para lograrlo?, ¿De qué se hará cargo, de los problemas e inconvenientes, llevándolos sobre sus hombros, como un pesado ataúd (perdonen la crudeza), hasta el momento en que se metan adentro y le pidan a alguien que los entierre?
¿O se harán cargo de aquello que quieren ser, aquello que quieren hacer, donde quieran hacerlo, con quién quieran hacerlo, como y cuando quieran hacerlo, o al menos intentarlo, hasta lograrlo?
Yo mismo he pasado por años, por una situación así. ¡Era fantástico! ¡Siempre había un culpable! Y yo era la pobre víctima que estaba presa de “las circunstancias”.
Gracias a el proceso transformacional del coaching, aprendí que es uno el único responsable de lo que le pasa (no digo culpable, porque la vida es un proceso de aprendizaje). Pude reconocer que cuesta más trabajo llevar la mochila de la culpa sobre los hombros, que la carga de construir el tipo de vida que uno quiere. En mi caso, aquí estoy, con éxitos y fracasos, con aciertos y desaciertos, con entusiasmos y bajones, pero disfrutando como loco el tipo de vida que elegí. Siendo yo mismo.
¿Cómo se puede comenzar? Es muy simple; reflexionando acerca de qué quiere hacer, dónde, cómo, cuándo y con quién quiere hacerlo. Respóndase a la pregunta ¿Para qué? Y luego comience a trabajar en el ¿Cómo? Y demás preguntas.
 Si siente que solo/a no puede, pida ayuda a un coach. Muchas veces no podemos reconocer nuestra visión, tapada por tantos años de hacer lo que “hay que hacer”, en vez de lo que “voy a hacer”, de tanto “tengo que”, en vez de “quiero”. Para eso, el proceso de coaching es una herramienta poderosísima.
Recuerden que deconstruir un modo de actuar y orientarlo hacia donde uno quiere, realmente ir, lleva mucho tiempo, ¡Casi una vida!, pero vale la pena.
Por último, ¿cómo podemos darnos cuenta que lo que hemos elegido hacer, es aquello que realmente es lo que queremos? Como respuesta, yo puedo decir que, el poder de una visión, de una meta poderosa, es casi magnético. Nos atrae al punto que no vemos, casi, otra cosa que el camino para llegar. Vivimos como hipnotizados por ese poder.
Ése poder, no es misterioso ni viene de afuera. Viene de adentro nuestro, exactamente de nuestro centro del Yo, de nuestro espíritu, que nunca enferma ni se confunde, porque está conectado con ése mundo multidimensional al que pertenecemos, pero que pasamos casi toda nuestra vida, sin saber que existe y estamos ahí.
De allí surge el poder y hace que funcione la sincronía, aquella propiedad que tiene el universo que permite que quienes estén centrados en su Yo Espiritual, encuentren, en un cruce del mundo de las dimensiones múltiples, los caminos y las respuestas, para el logro que se propusieron. Hagan la prueba, vale la pena. Estoy para ayudarles, Y no es que parezca que es así. Es que es así.        

viernes, 1 de marzo de 2013

LA INTUICIÓN, UN PODER POCO APROVECHADO


Desde tiempos inmemoriales, hemos oído hablar de ella. Nos acompaña, desde que los humanos somos humanos. No obstante, gracias al racionalismo y a la actitud del pensamiento “lógico”, la intuición ha caído en un espacio de desvalor.
Yo recuerdo que, cuando era chico, escuchaba decir siempre que “las mujeres tienen  intuición femenina”. Nunca supe bien de qué se trataba, pero parecía ser un poder que tenían de algo así como adivinar cosas…Y se les atribuía a ellas, porque, como mujeres que eran, eran sensibles y emocionales y eso les permitía tener intuición.
Los varones, aparentemente, no teníamos de eso y entonces debíamos escuchar a las mujeres cuando hablaban desde la intuición. Claro, en un mundo machista, entonces, la intuición estaba tan desvalorizada como la inteligencia atribuible a las mujeres.
Mi sorpresa se produjo cuando, al llegar a la adolescencia, empecé a darme cuenta que yo tenía una intuición bastante desarrollada. Siempre pensé que es herencia de mi madre, una gran intuitiva.
Esto me trajo ciertos cuestionamientos sobre la validez de esta manera de accionar, no obstante mi intuición, me seguía diciendo cosas.
La cuestión fue que, en el mundo con el que yo me relacionaba, no era muy aceptado tener intuición. Era casi una cuestión de adivinos y pitonisas y al no poder verificarse por el método inductivo o deductivo sus dictados, la pobre vivía siempre bajo sospecha.
Lo que sucede es que, todas las personas, en todo momento tenemos intuiciones, tenemos aquellos momentos en que nos viene una primera idea referida a algo a la cabeza. No podemos explicar de dónde o cómo viene, pero viene…y se va.
Generalmente, la desechamos, porque no tiene fundamento “lógico” y en muchas ocasiones, pasado el tiempo y luego de “inteligentes decisiones”, basadas en sesudos razonamientos, cuando todo sale mal, nos acordamos de aquél primer pensamiento que nos vino ante un problema o inquietud: una intuición. Y llega, entonces, el lamento: “si yo hubiera hecho esto o aquello”, “si hubiera decidido lo primero que pensé”, etc… Y seguimos así por la vida, arrepintiéndonos de todo aquello que pudimos haber hecho y no hicimos, por no haber seguido aquel “presentimiento”.
Pues bien, es hora de reivindicar a la intuición y ponerla en el lugar que se merece: el de una de las herramientas más poderosas que dispone el ser humano, para ejercer su libre albedrío, es decir el poder que tiene para hacer de su vida aquello que desee que ésta sea.
Cuando alguno de nosotros, por ejemplo, conoció a quien fue o es su pareja amada, “algo” le dijo que ésa era “la persona”. Enseguida, explicando científicamente, decidimos que “había una química” muy especial. Es cierto; cuando tuvimos aquella primera impresión, se dispararon en nosotros una serie de reacciones físicas y químicas que partieron de nuestro cerebro y nos confirmaron que ésa era la persona. Pregunto: ¿Quién creen ustedes que dio la orden para que eso sucediera? ¡Acertaron! Ustedes mismos, su intuición se los dijo. Ése “sexto sentido” tan poco valorado.
¿Y de dónde sale la intuición? ¿Aparece así como así, de la nada? ¿Es dictada por un duende o algo extraterrestre?
La respuesta es mucho más sencilla. Es tan sencilla que nuestro cerebro, tan entrenado en el pensamiento lógico, no puede explicarla.
Es que la intuición no pertenece al pensamiento lógico, sino al pensamiento multidimensional. Al pensamiento que no mide, ni pesa, ni toca, al que aparece desde ese sitio que hemos dado en llamar el “no tiempo”, el espacio del Kairós, ése lugar donde no hay ayer ni mañana, donde todo es presente, pero donde tenemos todo el conocimiento acumulado desde nuestro propio adn.
A ese “sitio”, algunos autores lo han denominado como el espacio del “no sé que sé”. Ahí habita la intuición. Poderosa herramienta que nos guía por el camino de lo que queremos estar siendo, donde las ideas que nos sugiere, no están guiados por el pensamiento lógico, el que decide si “hay que hacer esto o aquello, por esto o aquello”, el que valoriza lo conveniente o no, el que juzga y luego castiga.
La intuición es democrática. No es necesario haber estudiado en la Universidad, para usarla.
La intuición es gratis. No se aprende en cursos, seminarios ni consultando adivinos o chamanes.
La intuición siempre nos guía o nos impulsa a nuestro bien. Esto es fundamental y se debe a que surge de una conexión directa de nuestro Yo interior, con nuestro Espíritu, que nunca enferma, nunca padece y siempre está centrado en el bien.
Los coaches valoramos mucho la intuición como fuente en la que el coacheado puede encontrar las respuestas que busca. De eso se trata nuestra tarea. De guiar a través de preguntas al otro hacia ese sitio donde descubrir todo aquello que “no sabe que sabe”.
Propuesta: cuando aparezca en su día a día una inquietud a resolver, escuche lo primero que le venga a su mente, como respuesta al problema. Póngalo en práctica y espere el resultado.
Finalmente, han sido tantas las veces que hemos tomado decisiones aparentemente lógicas y nos equivocamos, que bien vale la pena quitarnos la armadura del pensamiento lineal y dejar fluir a nuestro Yo interior que suele traernos las buenas noticias. El resto es tener paciencia y dejar actuar a la complejidad.